Ya llovió desde la última vez
Que deslicé
El agrio humo de mis versos
En tu dulce garganta
Ya llovió desde que ardiste
Por última vez
En mis noches imperecederas
Y su lento amanecer
Me gustaría dejarme de sutilezas e invocar tu nombre sin cuidado
Olvidar los simbolismos, las verdades entreabiertas del pasado
Decir sin acritud que siempre he odiado no haber terminado
De arder
De morder
De amanecer
De perecer
A tu lado.
Juntemos las corrientes, hagamos un destrozo
Cojamos nuestro mundo por los polos
Opuestos, no impuestos
Y fundamos los ecuadores de ambos cuerpos.
Que seas mi resaca y mi cigarro de después
La arena que se escapa de los puños cerrados
Elévame en el aire como si no existiera el peso
Víveme con fuerza.
Que no hay más que un último primer beso.
A.
